Mostrando entradas con la etiqueta acustica. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta acustica. Mostrar todas las entradas

miércoles, 14 de abril de 2010

Por encima de toda etiqueta, son Rock & Roll


Desde que empieza el espectáculo una extraña sensación se apodera de ti,
un déjà vu golpea la puerta de tu cabeza para anunciarte que todo lo que oyes y sientes te es tan familiar que se diría que ya lo has escuchado antes. Pero de eso nada amigo, todo forma parte del ritual que Arizona Baby tiene preparado para el directo. Como chamanes del desierto te traen el espíritu más puro del Rock resucitándolo sobre el escenario, tal y como ocurrió en Algeciras, un pueblo fantasma que revivió con la llegada de estos tres forasteros del oeste del Pisuerga dispuestos a desenfundar sus guitarras y disparar hasta el último riff que les queda en la recámara.

Survive fue el tema con el que abrieron el espectáculo, y una de las poquitas canciones elegidas de entre su primer trabajo (Songs To Sing Along) para el show. Ni que decir tiene que estos temas cobraron más vida de cara al público que en el disco, gracias a que se contagian de toda la rabia y la consistencia que el trio desprende, lo que les confiere, sin duda, otro carácter mucho más maduro en contraste con una grabación que siempre se me antojó débil en cuanto a punch se refiere. Así pues, canciones de este primer trabajo lograron desatar la revolución en la platea como la divertidísima y pegadiza Everything, que sirvió de fantástico preámbulo a Shiralee, el himno más coreado de la noche y el más esperado a juzgar por la reacción del público. Una canción que representó toda una declaración de intenciones: ¡Aquí estamos, hemos llegado y no nos pensamos largar hasta la última gota de sudor! Demostrando que son todo actitud, y que mueren por sus temas, The Truth, Sandman, Sunday... todos fueron interpretados y defendidos con furia, y eso se traslada a la música, al sonido y al público. Logrando conformar un gran espectáculo.
Para terminar, permítanme que cierre hablando de Runaway, una melodía fugaz e intensa, algo oscura incluso, pero que creo puede servir para explicar la esencia de la banda a las mil maravillas: dos grandísimas guitarras. Una desliza trepidantes punteos. Otra, hace las veces de soporte rítmico perfecto sobre el que contruir una voz ora desgarradora ora melodiosa. Completado todo ello por una base rítmica tan sencilla como efectiva.
Lo que te llevas a casa después de ver a este trio, ( a parte de melodías que se te quedan grabadas a fuego, como la impagable I Want To Break Free de Queen) es la idea de que llegarán lejos por su apuesta sincera por el Rock & Roll. Y es que Arizona Baby son, por encima de todas las etiquetas que le quieran poner, es puro Rock & Roll.

(

martes, 13 de abril de 2010

¡De fiesta con Arizona Baby!

En estos tiempos de festivalismo —en los que muchas veces el acontecimiento social se come a la música en sí— no deja de ser una buena noticia que 150 personas llenen una sala para ver a un grupo como Arizona Baby, una de las bandas revelación del último rock nacional. El suyo es rock de club, de cuerpo a cuerpo, sudor, cervezas y comunicación total. Y ese, un local abarrotado con el grupo sintiendo el aliento del público, es su verdadero hábitat.

Que no se tome esto como una frase hecha. La música de Arizona Baby nace desde algo mínimo —dos guitarras acústicas, una voz y un exiguo set percusión— se convierte tocada en algo mucho mayor y se engrandece definitivamente en vivo con el calor del público, que convierte sus actuaciones en una fiesta. La del jueves en A Coruña lo fue: una hora y pico de rock acústico, creado en ese punto en el que el blues y el country se funden y se convierten en rock.

Tocaba presentar Second To None, el álbum que los ha puesto en el candelero, y lo hicieron con una prestancia total. Revitalizando el drama pantanoso de Ouch!, el folk-rock acelerado de The Truth o la mezcolanza fronteriza de A Tale of the West, todo ganó gracias a un directo enérgico y entregado que arrulló a toda la sala. Como era de esperar, el momento cumbre llegó con Shiralee y su endiablada rítmica con sabor a tren de vapor. Pero la cosa no se iba a quedar ahí, y en el bis una simpática versión del I Want To Break Free de Queen en plan skiffle (“!Nos gusta Queen y nos gusta el skiflle! ¿Qué pasa?”, gritó el vocalista Javier Vielba al término) puso la guinda a una noche perfecta.

(Javier Becerra, lavozdegalicia.es)